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Más sobre la substancia

La substancia es tan invisible como la corrupción, el soborno, la justicia, la bondad , la maldad o la ira de tal modo que podemos asistir a actos justos e injustos, buenos y malos, nobles y miserables sin que podamos verlos más que disfrazados de hombres que ofrecen dinero a cambio de favores o prestan ayuda desinteresadamente o que engañan con perfidia hasta al darte la hora o te piden dinero en la promesa de devolvértelo con creces cuando no prestan ellos mismos con intereses abusivos en la certeza de recoger las ganancias puntualmente. Nada mas ridículo que la foto de un soborno pues sería tanto como la foto de la substancia misma; a saber: un señor gordo y calvo con un maletín en la mano dándoselo a otro aún mas gordo y sin un pelo de tonto. Incluso el video de un soborno no deja de ser en cierto modo un empeño vano pues seguro que en él no se dice "tenga usted este maletín en concepto de soborno para que me deje edificar en la zona tal o cual señor equis". Como vemos el soborno como tal no sale en la foto y ni siquiera en un vídeo aun suponiendo que en él se hablase largamente sobre el tema en cuestión -con pelos y señales- los encausados o sus abogados siempre podrían decir desde que no son ellos mismos o que no hablaban de eso mismo -sino de algo tangencial al tema- hasta que el video es un montaje. Esto no significa que el material fotográfico, videográfico o fonográfico carezca de valor ante un tribunal sino que por sí sólo y sin una interpretación adecuada no tendría pleno sentido o al menos no tanto como la imagen de un asesinato. Así si tenemos la foto de un hombre en smoking en realidad tenemos la imagen de un smoking –como una figura oscura con forma de chaqueta- del que salen dos manos –como dos figuras más claras más o menos definidas según estén más o menos abiertas o cerradas en relación al ángulo de la cámara- por las mangas y una cabeza –como una imagen redondeada con rasgos faciales- sobre el cuello de tal manera que la imagen de la prenda y la del resto del cuerpo podrían no corresponder realmente a la misma situación. Incluso estando el hombre desnudo podría ocurrir que ni siquiera el cuerpo propiamente dicho perteneciese al propietario de la cabeza. Suponiendo que no se haya manipulado la imagen del hombre desnudo este podría lucir un moreno envidiable en el momento de la foto y estar ahora mismo pálido como la cera de tal manera que no tendríamos derecho a decir cual es el tono de piel que en realidad le pertenece como hombre y por ende como substancia. Si además en el momento de la foto estaba musculoso y lucia una abundante cabellera y un gran bigote y ahora esta gordo y calvo y se afeito el bigote la situación se complicaría pues aun estando convencidos que se trata de la misma persona no podemos identificarla por ninguno de estos modos o accidentes. También podría ocurrir que tuviésemos sólo fotos de la misma persona en distintos momentos disfrazado o vestido de ópera en diversos papeles sin tener ninguna imagen de paisano –para complicar más el asunto- o al menos siempre con ropa y peinado distintos como suele ocurrir a veces con los delincuentes buscados por la policía. Incluso la foto de frente y de ambos perfiles hacen referencia a tres ángulos de la misma substancia; siendo el caso además que ambos perfiles no son idénticos; cosa que saben bien los directores de cine -además de la policía- ofreciéndonos siempre el lado bueno del galán y el malo de rufián. Del mismo modo reconocemos a los actores que siempre han representado algún papel sin ser nunca ellos mismos-por decirlo de algún modo- aunque unas veces el mismo haga de pirata, de pistolero, de gitano y hasta de Papa . También reconocemos como substancia a personas a las que no hemos llegado a conocer físicamente y ni siquiera en fotografías o por teléfono como puede ser a través del chat sin video donde identificamos al mismo autor detrás del mismo nick e incluso de otro distinto aunque pretenda hacerse pasar por otra persona. Sobre todo difícilmente podremos suplantar a un conocido de nuestro interlocutor amparándonos en el anonimato de la escritura pues al no tener la misma identidad del otro en cualquier momento nos delataría el mas mínimo comentario que se salga del tono habitual del suplantado o por lo menos las sospechas llevarían a nuestro interlocutor a preguntarnos cosas que sólo podría saber la otra persona. Pero ni siquiera hace falta haber dialogado con la otra persona para reconocerla como substancia aunque no podamos verla; del mismo modo que atribuimos una identidad a alguien que se cartea con nosotros aunque sea de forma anónima y por correo ordinario, o escuchamos por la radio siendo su voz en este caso el único accidente que tenemos de dicha substancia si no le conocemos más que a través de las ondas y un catarro se entendería como algo sobrevenido a dicho accidente de la misma manera que lo seria una mancha oscura sobre la piel blanca -pongamos por caso- e incluso a cualquier autor literario que nos conforta aunque haga siglos que dejó de existir. Del mismo modo atribuimos identidad a personajes de historietas o dibujos animados entendiéndolos como substancias y a sus cambios de circunstancias como accidentes de las mismas --ya sea cambio de ropa, posición física o cambio de lugar o tiempo según se represente por parte del autor-; incluso reconociéndolos como el mismo personaje disfrazado de otro pongamos por caso. Otra cosa sería que siendo el mismo personaje cambiase el autor; con lo que seria problemático determinar si podemos considerar realmente que se trata de la misma identidad, tal como ocurre con el Quijote de Avellaneda respecto al de Cervantes o al Tenorio de Zorrilla respecto al de Tirso. Igualmente sería válido para el propio autor respecto a su identidad de género -relativa al sexo- pudiendo ser una autora que firma con pseudónimo masculino como en el caso de Cecilia bölh Von Faber –Fernán Caballero-; alguien que usa distintos pseudónimos según lo que desee escribir atribuyéndole identidades distintas por parte de los lectores del mismo modo que el que tiene varios blogs y trata temas diversos y hasta frívolos y no desea ser reconocido como el mismo autor aun no siendo conocido personalmente por ninguno de sus lectores pero estando expuesto a serlo de todas formas por sus expresiones, construcciones gramaticales, faltas de ortografía y puntuación e incluso erratas habituales; siendo en este caso modos o accidentes respecto al texto escrito. De la misma manera podemos tener dos nociones como substancia de nuestro vecino en el caso de que sea un famoso delincuente buscado por la policía teniendo de él una identidad cotidiana y otra tristemente célebre sin unirlas hasta que se descubra que ambas identidades pertenecen a la misma substancia. Algo parecido sería el caso del profesor juerguista que en clase se muestra distante con los alumnos teniéndolo todo el mundo por alguien formal y serio hasta que lo ven un día saliendo de una casa de mala nota o como en el caso del que padeciendo un trastorno esquizofrénico ni él mismo conoce tener doble o triple personalidad pudiendo ser los demás conscientes o no según el grado de cercanía personal y andanzas del sujeto en cuestión; como en el caso del doctor jekyll y mister Hyde. Esto mismo seria valido para cualquier personaje de ficcion que este en la tradición oral como ocurre con los cuentos populares; no teniendo ningun referente absoluto considerado el original, con sus diversas variantes las cuales serian a dicha narración lo que las palabras a este discurso conservandose siempre la esencia del personaje como serian los tags en este caso respecto del resto de las palabras incluidos los nombres propios. Así Cervantes, Tirso de Molina o Fernán Caballero serian accidentales a este discurso ya que no es sobre literatura; del mismo modo que Julio César, Napoleón o Jesucristo –a los que hago referencia más adelante junto con Sócrates- al no ser de historia e incluso Sócrates mismo sería un caso para ilustrar un concepto de metafísica; de tal modo que no deberían figurar como tags a menos que yo quisiera usarlos para encontrar en un buscador este mismo discurso llegado el caso; sin importarme que tales referencias puedan ser válidas para los que buscan leer algo sobre la substancia. Asi en un crucigrama las palabras que se cruzan solo tienen una relacion accidental entre ellas; como seria el compartir alguna letra al menos pero las que definen cada concepto lo harian de modo esencial a cada termino, utilizando sinonimos o frases que los definan. Lo mismo valdría para alguien que sólo conocemos a través de la televisión siendo su imagen como tal la reconocida; quedando la substancia misma oculta tal como ocurre de hecho en un encuentro virtual o personal aunque sea en el mismo plano físico independientemente de la vestimenta –un disfraz sería ya un caso extremo- y situación física y espacial concreta. Asimismo atribuimos identidad como substancia a personajes históricos de los que sólo hemos oído hablar por referencia o leído acerca de ellos aunque no escribiesen nada como Sócrates o Jesucristo aceptando que la toma de la cicuta y la crucifixión respectivamente no son meros accidentes o modos de dichas substancias sino que forman parte de su misma esencia o naturaleza y me explico antes de que más de uno se rasgue las vestiduras en el sentido metafísico y/o religioso. Que César pasase el Rubicón es una verdad de hecho y no de razón en principio aunque ocurriendo así y no de otro modo en última instancia lo es también de razón y por lo tanto necesaria y no contingente tal como argumenta Leibniz en el Discurso de Metafísica. La diferencia por lo tanto entre la toma de la cicuta por parte de Sócrates, la crucifixión de Cristo y el paso del Rubicón de Julio César desde el punto de vista metafísico es inexistente de tal modo que cualquiera que conozca estos tres hechos por la historia atribuye a dichos personajes como substancias estos sucesos como parte de su naturaleza o esencia y no como modos o accidentes. Sólo los soldados que acompañaban a César durante ese día, o los amigos y demás presentes en la muerte de Sócrates y los discípulos y demás allegados; así como todos los que vivieron de cerca la muerte de Cristo, entienden como accidentes o modos estos tres acontecimientos pues en todo momento pueden separar a la substancia y su identidad del acontecimiento que se está produciendo; cosa que no ocurre con quien conoce el hecho por referencia, máxime si no llegó a conocer a ninguno de los tres personajes en vida. Así el hecho de que Napoleón sucumbió en Waterloo forma parte de la identidad como subtancia del general francés para cualquier estudiante de historia e incluso para cualquiera que haya oído hablar de él de un modo más o menos impreciso. Es más si tratamos de dar una definición como substancia medianamente aceptable de Sócrates, Jesucristo, Julio César o Napoleón no podría ser simplemente la de que son hombres pues eso ya seria especie o substancia segunda según la tradición clásica ;de tal manera que nos veríamos obligados o a señalarlos con el dedo diciendo este hombre o esta substancia o bien decir respectivamente de cada uno de ellos lo que sigue: Sócrates fue el maestro de Platón el cual fue condenado a tomar la cicuta bajo la acusación de corromper a la juventud ateniense con sus enseñanzas heterodoxas; Jesucristo es considerado por la religión cristiana como el hijo de Dios el cual fue traicionado por uno de sus discípulos siendo condenado a morir en la cruz por sus enseñanzas; Julio César fue el primer emperador romano formando un triunvirato con Pompeyo y Craso tras cruzar el río Rubicón –el cual tenían prohibido cruzar los generales romanos al frente de sus tropas para prevenir y dar tiempo a reaccionar ante un golpe de mano- dando un golde de estado en Roma; y por ultimo Napoleón fue un general francés que se convirtió en emperador tras invadir media Europa sucumbiendo en Waterloo tras escapar de la isla de Elba -a donde había sido desterrado- siendo finalmente enviado a la de Santa Elena donde acabo sus días. Como vemos a falta de la substancia misma con sus accidentes nos vemos obligados a definirla por sus rasgos principales en relación a nuestro conocimiento de ellos; de tal manera que forman parte de su noción misma. Esto quizás pueda explicar el fenómeno de que un amnésico, no recordando como se llama él mismo ni donde vive y ni siquiera su propia identidad, siga sabiendo quien era el autor del Quijote y don Quijote mismo ; probablemente porque su idea de Cervantes está libre de accidentes o modos y le baste con el concepto mismo del autor como substancia; siendo la obra escrita en este caso parte de su noción, del mismo modo que lo sería la caballeresca locura del personaje de ficción. Otra cosa distinta sería que el amnésico hubiese conocido en vida a Cervantes pues entonces estaríamos en el mismo caso del que no recordando quién es él mucho menos recuerda a sus parientes, amigos o conocidos. Así no sería contradictorio que alguien no sabiendo quien es él mismo tenga la idea como substancia de un primo lejano al que no llegó a conocer en vida de la misma manera que sigue sabiendo el nombre de los seres y los objetos cotidianos que le rodean -aunque no recuerde ninguno en concreto que le perteneciese a él- ya que teniendo el concepto genérico de hombre, perro, casa, mesa o silla -por abstracción de los que ha visto- no necesita recordar necesariamente ninguno en particular; como de hecho ocurre de forma natural cuando designamos algo por su nombre común y no propio. Sobre esto ya hablaremos con detenimiento en su momento. Del mismo modo podemos recordar el argumento entero de una película, pongamos por caso, pero no recordar ni cuando ni con quien la vimos y ni siquiera si fue en el cine o en la televisión o la sacamos del videoclub pues serian modos o accidentes ajenos a la propia trama -considerando a la película una substancia o una entidad en sí misma- y por consiguiente mucho menos recordar en que cadena de televisión o en que estancia de la casa la vimos si tenemos varios receptores e incluso en que casa si por fortuna tenemos varias o por desgracia nos mudamos cada seis meses de domicilio por necesidad. Mucho menos recordaríamos los anuncios si la vimos con cortes publicitarios y si por ventura alguien se acuerda o cree recordarlo que pruebe a decir el orden en que los vió. Otra cosa es saber que estábamos haciendo el 11-S o el 11-M en el momento de enterarnos de los sucesos acaecidos en Nueva York o Madrid pues en ese caso hemos unido una tragedia más o menos lejana pero de enorme trascendencia a una circunstancia personal en el espacio y el tiempo.
Por otro lado el lector me reconoce como substancia y me atribuye todas las palabras e ideas que está leyendo; así que está formando una noción libre de accidentes o modos sobre mí –a menos que tenga en cuenta las faltas de ortografía, acentuación y puntuación; a las que soy de natural proclive, optando la mayoría de las veces por no acentuar para disimular; siendo las palabras en relación a su autor (yo mismo en este caso) lo que éstas a las ideas o conceptos, la tipografía al texto impreso o la caligrafía al texto manuscrito; osea modos o accidentes con lo que ni siquiera estaría claro del todo si mi noción para el lector puede ser totalmente pura y abstracta- del mismo modo, decia, como lo hace con cualquier autor que lea con fruición y que no conozca personalmente e incluso que pasó a mejor vida hace siglos. Así conforme va leyendo más va perfilando su idea como substancia sobre mí del mismo modo que lo hacemos continuamente con las gentes con las que tratamos a diario sin terminar nunca de completar nuestra noción acerca de ellos. Así cuantas más cosas lea que haya escrito yo más exacta será su noción sobre mí mismo; a menos que lea cosas que no haya escrito yo realmente, pues sería lo mismo que si alguien me suplanta al teléfono, por correo ordinario o electrónico, por un chat e incluso disfrazado de mí y hace o dice cosas imitándome tratando de crear confusión entre sus interlocutores o testigos. De la misma manera cuando sospechamos conocer a una persona le preguntamos "si nos conocemos de antes" en la esperanza de reconocer su identidad aunque no la hayamos identificado totalmente en primera instancia. Del mismo modo le preguntamos al camarero del bar al mirar en el expositor de la ensaladillas y las tapas "qué es eso" en la misma esperanza de identificar bajo la apariencia más o menos apetitosa alguna substancia -sustancia deseada pero no reconocida en el momento mismo de preguntarlo.

Un Comentario »


  1. angie giraldo 16-10-2008 - 03:50:49 GMT 1

    NECESITO IMAGENES DE ESTOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO Q HAGOOOOOOOOOOOOOO

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